Rothbard sobre la Nueva Izquierda Gramsciana

[ A+ ] /[ A- ]

En una Posdata (1991) del capítulo 16 de la obra de Rothbard (1971) “El igualitarismo como una rebelión contra la naturaleza y otros ensayos”[1]. El eminente filósofo del libertarismo expone el cambio de estrategia de la Vieja Izquierda marxiana hacia una Nueva Izquierda que bien puede ser denominada gramsciana.

Lo primero que explica Rothbard es que el mismísimo núcleo del marxismo, su doctrina económica, a saber, la teoría del valor trabajo, su consecuente plusvalía y explotación, así como las ideas de socialización de los medios de producción y planificación económica resultan abandonados y relegados a un segundo plano. Tanto la teoría como horrífica puesta en práctica de sus postulados son rechazados. De este modo, la Nueva Izquierda debe refundarse en un rechazo del marxismo económico, pero no de lo que puede llamarse su médula filosófica, el ideal igualitario, su odio a la diferencia, a la individualidad.

Ya desde antes de la caída del Muro de Berlín y la URSS, los intelectuales de izquierda habían comenzado a huir de aquellos postulados debido al «giro violento» que tomaron. Razón de ello que la Nueva Izquierda reconoce en algún sentido la importancia de un mercado privado, aunque regulado por el Estado.

Si algo habían dejado claro los experimentos socialistas fue el fracaso de sus teorías económicas, fracaso que cobró y aún continúa recaudando millones de víctimas. Esto no significó la derrota definitiva para la izquierda en general, aunque sí generó un desencantamiento para la izquierda romántica y marxista en particular —así como le ocurriría a cualquier joven socialista que visite la Cuba que no es para turistas— no obstante, todavía tenían mucho por hacer y por luchar, la lucha por la igualdad apenas había comenzado. ¿Por qué únicamente debía importar la desigualdad económica cuando esta es tan solo una de tantas? Así, la Nueva Izquierda:

“aceptó el consejo de sus ancianos izquierdistas y “se unió al sistema.” La Nueva Izquierda, a imitación de Gramsci, lanzó una exitosa “larga marcha a través de las instituciones” y al convertirse en abogados y académicos —particularmente en las humanidades, la filosofía, y las ciencias “blandas”, o sea las ciencias sociales— han logrado adquirir hegemonía sobre nuestra cultura. Viéndose derrotados y en retirada en el frente estrictamente económico (en contraste con la vieja izquierda de la década de 1930, la economía marxista y la teoría del valor trabajo nunca fue el punto fuerte de la Nueva Izquierda) la izquierda recurrió a la supuesta autoridad moral del igualitarismo. Y, mientras lo hacía, decidió restar importancia al anticuado igualitarismo económico para favorecer la eliminación de otros más amplios aspectos de la variedad humana”.[2]

La explicación del paso de la Vieja Izquierda económica a la Nueva Izquierda cultural por parte de Rothbard es impecable, da cuenta de que la Nueva Izquierda trabaja en el terreno ideológico-cultural, moral, y siempre en segundo lugar y como consecuencia del primero, económico,[3] da cuenta de un proceso de infiltración en nuestras instituciones formadoras de opinión como la educación y el periodismo, lo que Gramsci llamó hegemonía.[4] Asimismo, deja claro que la Nueva Izquierda se deriva de una renuncia a los postulados clásicos y esenciales del marxismo, un marxismo estructural,[5] de allí que sea un error grotesco o mera mala fe por parte de algunos intelectuales el continuar llamando a la Nueva Izquierda Cultural o Gramsciana como “Marxismo cultural”.[6] Por último, y más importante, es el hecho de que la desigualdad económica es solo uno de otros tantos rostros de la desigualdad, desigualdades que es necesario corregir, ya que se suponen son injustas.

Si en el Marxismo ortodoxo lo importante era exclusivamente la desigualdad en términos económicos para explicar quién era Opresor y quién era Oprimido (Explotador y Explotado), es decir, determinar quién poseía los medios de producción (Burgués) y quién carecía de estos (Proletario). La Nueva Izquierda nos provee una lista abierta que podemos considerar como prácticamente ilimitada, debido a que la desigualdad tiene muchas aristas y puede ser vista desde muchas perspectivas más allá de la económica.

Mientras que en el marxismo la única forma de lograr la justicia era con la expropiación de los medios de producción ya que el obrero no recibía la ganancia “integra” de su trabajo que era “robada” por el capitalista.[7] La Nueva Izquierda usa expresiones como “Justicia Social” que consisten en reclamar una porción directa o indirecta de la riqueza de otro para igualar diferencias económica y sociales.[8] Tampoco resulta descabellado sostener bajo los estándares del nuevo igualitarismo totalizador cuestiones como la “Justicia Facial”, ya sea o bien, exigiendo la igualación de las diferencias de belleza facial mejorando la nuestra o, desmejorando la de los rostros más bellos u, obligándonos a todos a llevar máscaras, en suma, lograr la igualdad facial.

La innata desigualdad humana, las diferencias que abundan y existen entre los seres humanos en capacidades físicas e intelectuales, son las que dan lugar a que algunos sean mejores que otros y más valorados o menos por otros, es la desigualdad natural la que da resultados económicos desiguales. Si el hombre fuera igual, de lo igual solo surge lo igual, lo mismo, la mismidad, y de lo desigual surge lo desigual, lo otro, lo atópico, lo diverso. Precisa y paradójicamente si queremos una sociedad igualitaria debemos tratar a los seres humanos de forma desigual para lograr compensar e igualar su desigualdad natural y en cambio, para tener una sociedad desigual solo basta tratar a los seres humanos con igualdad, bajo unas reglas fijas, y la naturaleza hará lo suyo.[9]

Podría entonces argumentarse que la Nueva Izquierda se direcciona hacia esas desigualdades humanas que a la postre dan lugar a las desigualdades económicas. Por ejemplo; si en un estudio se demuestra que la mayoría de los directivos de empresa son hombres blancos de 35 años y que miden menos de 1.80cm, entonces se supone que puede existir o existe una forma de opresión y discriminación hacia hombres de otras razas menores o mayores de 35 años que miden más de 1.80cm y hacia mujeres blancas y de otras razas menores o mayores de 35 años que miden más de 1.80cm.

Nadie negaría que quizá a una persona guapa su vida se le haga un poco más sencilla que a quien tiene un rostro y cuerpo menos simétrico y agradable,[10] o que en la industria del porno y en la moda en general, las mujeres ganan un salario mejor al de los hombres. Sin embargo, de lo anterior no se puede deducir que exista una opresión sistemática de los guapos frente a los feos, o de las mujeres frente a los hombres.[11]

El marxismo tradicional dividía la sociedad en dos grupos que al final de cuentas había que igualar entre sí. La Nueva Izquierda divide la sociedad en múltiples grupos que de la misma forma es necesario igualar. La clave reside en conocer ese criterio para determinar qué grupos son Opresores y Oprimidos.

Opresores y Oprimidos

La idea básica es que cualquier diferencia o desigualdad que de lugar a la superioridad de un individuo sobre otro ya puede ser considerada opresión, la opresión va desde una agresión física —con lo que estoy de acuerdo que lo es— hasta el cómo se siente una persona comparándose con otra, por ejemplo; los estándares de belleza pueden ser considerados una opresión hacia quienes carecen de estos como de quienes desean alcanzarlos. Que se piense que exista una forma correcta o superior de familia o cultura da lugar a un sentimiento de inferioridad por parte de quienes conforman diferentes tipos de familia y llevan otros estilos de vida y valores. No reconocer la existencia de ciertas minorías en el lenguaje invisibiliza y daña la autoestima de estas personas, etc. Dado que la opresión va muy ligada al cómo se siente el individuo respecto de los otros, basta que una persona se sienta oprimida para encajar en la categoría de Oprimidos. Escribe Rothbard:

“La “opresión”, por supuesto, se define en sentido amplio con el fin de incluir en ella cualquier supuesto en el que pueda apreciarse una eventual superioridad— y, por tanto, una causa de envidia— en cualquier ámbito”.[12]

A pesar de lo anterior, como se verá más adelante, en realidad, no es tan fácil ser un oprimido, ser oprimido cuesta.

En este sentido, es muy difícil determinar quiénes serán los oprimidos del mañana, lo que sí podemos hacer es nombrar los oprimidos del presente. Para tener la categoría de Oprimido no basta que considere que lo soy, es necesario que el Estado me declare como víctima oficial, o sea, que el Estado me otorgue un estatus jurídico a mí y mis reclamaciones. Entre las víctimas oficiales tenemos a los indígenas, negros, miembros de la comunidad LGTBI+, mujeres, desempleados e inmigrantes por nombrar algunos. Debe tenerse en cuenta que puede darse el caso y se da, de que alguien pertenezca a varias de estas categorías, tal sería el caso de una mujer negra que es lesbiana, inmigrante y se halla desempleada, lo que es una quíntuple discriminación y, el Opresor, un hombre blanco heterosexual, nacional y empleado. Comenta Rothbard:

“¿Quiénes son, entonces, los oprimidos? Es difícil de determinar, ya que nuevos grupos de oprimidos están apareciendo constantemente. Uno casi añora los viejos tiempos del marxismo clásico, cuando sólo había una “clase oprimida” —el proletariado— y una o como mucho unas pocas clases opresoras: los capitalistas o burgueses y, a veces, “los señores feudales” o quizás la pequeña burguesía. Pero como ahora el número de oprimidos y el de grupos especialmente privilegiados por la sociedad y por el Estado sigue multiplicándose y el número de opresores sigue disminuyendo, el problema de la igualdad de ingresos y riqueza vuelve a plantearse aún más intensamente. Puesto que nuevos y más numerosos grupos parasitarios se están continuamente añadiendo a la carga que soporta un decreciente número de opresores. Y como es obvio que toda persona prefiere abandonar las filas de los opresores y engrosar las de los oprimidos, los grupos de presión tendrán cada vez más éxito —mientras esta nefasta ideología siga medrando—“.[13]

Este argumento de Rothbard permite introducir otro tema de mayor importancia. ¿Por qué ser Oprimido? Ser Oprimido permite toda una serie de privilegios legales para compensar todo ese tipo de nuevas desigualdades dignas de corrección. El Estado lleva a cabo políticas de ingeniería social como la acción afirmativa (Discriminación inversa),[14] con sistemas de cuotas de acceso y representación para estos grupos Oprimidos tanto en empleos de alto rango,[15] política y educación universitaria. Nuevamente Rothbard:

“En concreto, cuando uno consigue la etiqueta de oprimido oficial se convierte en beneficiario de un flujo inagotable de prestaciones —en dinero, estatus y prestigio— procedentes de los desafortunados opresores, a los que se hace sentir culpables por siempre jamás, aún cuando se les fuerce a sostener y expandir ese flujo sin fin”.[16]

Hasta este punto hemos establecido la evolución de la izquierda economicista, la Vieja Izquierda, a la izquierda cultural, la Nueva Izquierda. Se ha detallado cómo el corazón igualitario de la izquierda se ha transpuesto de las desigualdades económicas a un tipo más amplio y variado de desigualdades y, por último, se ha expuesto cómo esa explosión de nuevas desigualdades dio nacimiento a nuevas clases de Opresores y Oprimidos.

¿Cómo ser Oprimido? ¡Bajitos levántense!

Con un sujeto revolucionario aburguesado que ya no quería hacer la revolución, la Vieja Izquierda ya no tenía nada bueno para ofrecer, esta vez, el proletario tenía mucho que perder más que sus cadenas. Fue entonces necesario construir y politizar nuevos sujetos para ensanchar las cajas electorales de la Nueva Izquierda democrática.

Dividir la sociedad en grupos o en clases depende de las categorías usadas por el científico social en su análisis, tal como se ha visto, el marxismo clásico dividía la sociedad en dos grupos, burgueses y proletarios. Los libertarios que igualmente consideran lo económico como lo más fundamental dividen la sociedad en dos grupos, productores y consumidores de impuestos.[17] La Nueva Izquierda considerando otros aspectos más amplios que el económico ha formulado divisiones como hombres y mujeres, heterosexuales y homosexuales —hoy siendo cisgénero y transgénero— blancos y negros, etc. El punto clave y que no sobra recordar, es que la Nueva Izquierda busca la igualación en todos los ámbitos.

De esa forma si un estudio demuestra que los hombres ganan en promedio y en las mismas profesiones más que las mujeres, lo que buscarán es igualar el salario, achicar esa brecha salarial. Si un estudio asegura que son los hombres blancos los que tienen cargos directivos, entonces se buscará romper ese “techo de cristal” que impide a las mujeres llegar a cargos directivos. Si un reinado de belleza solo acepta a mujeres con ciertas medidas y estándares, o solo son coronadas mujeres blancas rubias de ojos azules, se propugnará porque se incluyan mujeres de otras tallas y hasta transexuales y tengan posibilidades reales de ganar. El énfasis es en el igualitarismo y en igualar los grupos.

Ahora pasemos a la formación de un nuevo grupo de Oprimidos. Murray Rothbard en este artículo como en “Gente corta, ¡Levántate!”[18] propone a las personas cortas como una nueva minoría que es necesario reconocer y reivindicar. «¿Dónde están los empresarios, los banqueros, los senadores y los presidentes de baja estatura?» Incluso Rothbard cita unos estudios del sociólogo Saul D. Feldman donde mostraba que los recién egresados de la Universidad de Pittsburgh que median más de 6 pies y 2 pulgadas tenían un salario inicial en promedio un 12,4% mayor al de aquellos que median menos de 6 pies. E igualmente un profesor de marketing de la Universidad de Eastern Michigan había realizado una pequeña encuesta preguntando a empleadores sobre la estatura que preferirían para contratar a un vendedor. Allí, un 72% opto por contratar a los más altos. Lo que permite entrever que vivimos en una sociedad “bajofóbica”, en una cultura dominada por altos y que favorece a los altos. Por lo tanto, Rothbard hace un llamado a la emancipación de los bajos. Es momento de reclamar el día del orgullo de los bajos, cursos de historia de la importancia de los bajos y fomentar una cultura de inclusión y aceptación de los bajos para que no sigan siendo discriminados. Nuestras mismísimas mujeres bajas traicionan a su propia “clase” prefiriendo a los hombres altos,[19] así como las grandes empresas de entretenimiento y deporte que los eligen.

En resumen, un movimiento de Oprimidos aparte de una gran organización, movilización y justificación aparentemente científica, requiere de una fuerte influencia y presión pública. Debe constituirse en un lobby que ejerza influencia política lo suficientemente relevante para que sus demandas sean convertidas en leyes. La comunidad LGTBI+ es un ejemplo de cómo a medida que se han organizado y, en consecuencia, significado más votos, sus banderas se volvieron más atractivas para los políticos de turno y así, han podido permear el statu quo.

Corrección Política

La corrección política es resultado directo de la victimología oficial, ya que se busca evitar a toda costa que se hiera la sensibilidad de determinados grupos Oprimidos. La corrección política trabaja en este sentido tanto incluyendo como excluyendo. Incluyendo a estos grupos Oprimidos, y excluyendo ideas o comportamientos que puedan herirlos o ultrajarlos.

Una de las principales víctimas de este sistema de igualitarismo ha sido el cine, últimamente vemos como en cada película debe cumplirse con la cuota asiática, LGTBI, femenina, negra y latina, y, además, en tareas que no refuercen roles o estereotipos sociales. Por si fuera poco todo esto, actualmente hay peticiones a DC Comics para que conviertan al Joker en homosexual y a Marvel Comics para que Spiderman sea interpretado por un actor negro.

Otras víctimas de este igualitarismo han sido los científicos. Constantemente son censurados o deben autocensurarse por alguno de sus estudios sobre la naturaleza humana que dé como resultado el descubrimiento de una desigualdad innata en talentos o capacidades entre razas o sexos, con lo cual, perderían sus empleos, serían acusados de fascistas, racistas, sexistas y, destruirían sus carreras.[20]

Conclusión

Aunque la Nueva Izquierda no ponga el énfasis en la economía como la Vieja Izquierda, todas sus medidas tienen consecuencias y repercusiones económicas. Pues, como se mostró, si es la naturaleza desigual del ser humano la que da resultados económicos desiguales, es un craso error cambiar el sistema económico esperando con ello que cambie la naturaleza desigual humana. En este sentido, para la Nueva Izquierda los cambios deben lograrse en un nivel previo al económico, antes de que se dé la desigualdad económica. Los cambios económicos son importantes pero subsidiarios, lo significativo es el cambio ideológico que facilita acudir a disminuir todo lo posible mediante ingeniería social esas desigualdades naturales y esas preferencias individuales que las premian “injustamente” dando como resultado que unos grupos estén mejor que otros.

Por último, vale recordar la mención de Rothbard, en una sociedad donde aumenta el número de Oprimidos y al alimón, disminuye el número de Opresores, los incentivos son dirigidos a ensanchar las filas de los Oprimidos y, al mediano y largo plazo, o los Oprimidos se vuelven Opresores y los Opresores se vuelven Oprimidos, o el sistema no podrá mantenerse.

[1] M, Rothbard. (2016) “El igualitarismo como una rebelión contra la naturaleza y otros ensayos”. Instituto Mises. Disponible en:

http://www.miseshispano.org/2016/01/igualitarismo-como-rebelion-contra-la-naturaleza/

[2] Ibíd. (p. 253-54).

[3] En otro artículo he explicado cómo los ámbitos donde trabaja la Nueva Izquierda a pesar de no ser económicos tienen significativas y dañosas consecuencias económicas. Véase J. Bermeo, (2018) “Rothbard viviseccionó la nueva izquierda”. Instituto Mises Colombia. Disponible en:

https://www.misescolombia.co/rothbard-vivisecciono-la-nueva-izquierda/

[4] Para un estudio breve sobre el pensamiento de Gramsci véase C, Liria. (2015) “Gramsci y Althusser, El marxismo hoy”. Editorial: Bonalletra Alcompas, S. L. España.

[5] La famosa referencia en la que Marx sostiene que lo fundamental es la estructura económica y no la superestructura se encuentra en: K, Marx. (1989) “Contribución a la crítica de la economía política”. Editorial Progreso, Moscú. “El resultado general a que llegué y que, una vez obtenido, sirvió de hilo conductor a mis estudios, puede resumirse así: en la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción, que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por el contrario, el ser social es lo que determina su conciencia”. (p. 7).

[6] Para comprender el aberrante error intelectual de etiquetar a la Nueva Izquierda Cultural como “Marxismo Cultural” Véase, J, Bermeo. (2017) “Mitos y verdades sobre el marxismo cultural” y mi traducción del excelente artículo del PhD en historia, el libertario Gary North (2017) “El marxismo cultural es un oxímoron” Instituto Mises. Respectivamente Disponibles en:

http://www.miseshispano.org/2017/11/mitos-y-verdades-sobre-el-marxismo-cultural

y http://www.miseshispano.org/2017/12/el-marxismo-cultural-es-un-oximoron/

[7] Para una refutación a la teoría marxista del valor véase: E, Bawerk. (2016) “Una contradicción no resuelta en el sistema económico marxista”. Instituto Mises. Disponible en:

http://www.miseshispano.org/2016/07/una-contradiccion-no-resuelta-en-el-sistema-economico-marxista-eugen-von-bohm-bawerk/

[8] Para una crítica a la Justicia Social véase Anthony de Jasay. (2017) “Teoría económica y justicia social – I” Fundación para la Educación Económica. Disponible en:

http://fee.com.co/teoria-economica-justicia-social-i/

[9] No niego que, de hecho, muchas desigualdades son fruto de leyes desiguales e injusticias, lo que es una aberración, empero, como dijo el pensador Colombiano Nicolás Gómez Dávila: “la desigualdad injusta no se cura con igualdad, sino con desigualdad justa”.

[10] Tal fenómeno lo han denominado los científicos como “Ricura” y pone de malas a los conservacionistas, debido a que el ser humano viene al mundo con una predisposición biológica a sentir empatía por rostros infantiles y simétricos. Esto explica entre otras cosas porqué cuando se trata de animales en vía de extinción las personas tienden a valorar más a los “lindos y tiernos”.  Véase S, Pinker (2014) “Los ángeles que llevamos dentro: el declive de la violencia y sus implicaciones” Barcelona; Buenos Aires; México: Paidós, 2014. (p. 756ss).

[11] Curiosamente si una mujer gana un salario menor que un hombre en la misma profesión se considera que es víctima de sesgos, una cultura machista y misógina, y, por otra parte, si una mujer gana un salario mayor que el de un hombre en la misma profesión y por el mismo trabajo —como en la industria del porno— también se sigue considerando opresión y un reflejo de la cultura sexista y machista que cosifica a la mujer, lo que da lugar a que tengan un mejor salario.

[12] M, Rothbard. (2017) “El igualitarismo como una rebelión contra la naturaleza y otros ensayos”. (p. 256).

[13] Ibíd. (p. 259).

[14] Para una genial explicación con pros y contras de la acción afirmativa véase M, Sandel. (2011) “Justicia ¿Hacemos lo que debemos?” Capítulo 7 “Argumentos sobre la acción afirmativa”. Editorial Debate. España. y también R, Dworkin (2012) “Una cuestión de principios”. Parte V “Discriminación inversa”. Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores.

[15] Desde luego, si tenemos un caso en el que únicamente quienes trabajan en la recolección de basuras son hombres blancos con estudios de primaria, ninguno de estos grupos Oprimidos alegaría discriminación ni exigiría cupos para esta profesión.

[16] M, Rothbard. (2017) “El igualitarismo como una rebelión contra la naturaleza y otros ensayos”. (p. 259)

[17] Véase: S, Richman. (2015) “Análisis libertario de clases” Instituto Mises. Disponible en:

http://www.miseshispano.org/2015/02/analisis-libertario-de-clases/.

D, Osterfeld. (2012) “Análisis de clase: Perspectivas marxista y austriaca” Instituto Mises. Disponible en:

http://www.miseshispano.org/2012/11/analisis-de-clase-perspectivas-marxista-y-austriaca/ y

H-H, Hoppe. (2015) Análisis de clases marxista y austriaco” Instituto Mises. Disponible en:

http://www.miseshispano.org/2015/02/analisis-de-clases-marxista-austriaco/

[18] Véase Murray N. Rothbard (1972) “Short People, Arise!” The Libertarian Forum 4 (abril de 1972): 8. Mises Institute. Disponible en:

https://mises.org/library/complete-libertarian-forum-1969-1984

[19] Destaco que referirse a las mujeres como “nuestras” mujeres, es de hecho, opresión machista.

[20] S, Pinker. (2003) “La tabla rasa: la negación moderna de la naturaleza humana”. Editorial Paidós, Barcelona. Segunda Parte, capítulo 6 “Científicos Políticos”.

John Alejandro Bermeo
Director at Inst. Mises Colombia

Es libertario, culminó sus estudios de Derecho en la Universidad del Tolima. Es director del Instituto Ludwig von Mises Colombia y de la Fundación para la Educación Económica. Fue editor auxiliar del Instituto Mises y ha escrito diversos artículos académicos y de opinión para Panampost, KubernÉtica, FEE, Instituto Mises e Inst. Mises Colombia.
Está disponible para entrevistas de prensa a través de su correo electrónico (alejoryand@gmail.com).

Deja un comentario