POPULISMO: ¿Quién pagará las cuentas?

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Por Vidal J. Reyes.

¿Qué es el Populismo?

El populismo puede ser entendido como un estilo de liderazgo caracterizado por la relación directa, carismática, personalista y paternalista entre líder-seguidor, que no reconoce mediaciones organizativas o institucionales, que habla en nombre del pueblo, potencia la oposición de éste a “los otros”, busca cambiar y refundar el statu quo dominante; donde los seguidores están convencidos de las cualidades extraordinarias del líder y creen que gracias a ellas, a los métodos redistributivos y/o al intercambio clientelar que tienen con el líder (tanto material como simbólico), conseguirán mejorar su situación personal o la de su entorno.

El populismo surge en una sociedad donde los liderazgos tradicionales, los partidos tradicionales y las instituciones pierden su rol, su razón de ser y dejan de ser entes representativos de los ciudadanos.  Al no poder, las instituciones existentes y los partidos tradicionales, funcionar de forma adecuada para responder a las demandas que los ciudadanos requieren para mejorar su estado de vida. Se da también la crisis de representación que es entendida bajo estos términos como una crisis de adaptación del sistema de partidos a una nueva realidad económica y social, en la que los políticos no consiguen responder a las demandas sociales bajo estas reglas de juego. La pérdida de electores de los partidos tradicionales y el desplazamiento de las adhesiones políticas hacia nuevos liderazgos estaría en la base de esa crisis de representación.

Los líderes populistas, entonces, emergen como una respuesta natural a las demandas sociales no satisfechas de los ciudadanos. De esta manera, los ciudadanos, aceptarán apoyar opciones políticas nuevas o elegirán aquellas que perciban como más adecuadas para castigar a quienes les han defraudado en el cumplimiento de sus demandas.

Los nuevos liderazgos surgen dentro del ámbito partidario, como una opción que romperá la forma de manejar la cosa pública de las elites partidistas, destruir las prácticas escandalosas y refundar el Estado. El discurso es antipolítico la mayoría de los casos. Este discurso se caracteriza por la descalificación constante de “los otros” y por la interpelación de los individuos como miembros de un colectivo, que son víctimas directas de los intereses de esos “otros”. Lo que convierte a un discurso ideológico en populista es su apelación al pueblo como referente básico. La promoción política de la figura ideológica de pueblo se hace por encima de la división de clases y como parte de una bipolaridad “pueblo frente a bloque de poder”. Este discurso adaptable exalta los valores de los sectores dependientes e interpela a las masas como una manera de legitimar lo que se dice, bajo la idea de la configuración del “pueblo” como actor protagonista del cambio social, que atenta contra cierto statu-quo dominante.

Con la conquista del poder, los líderes populistas adquieren un nivel tan alto de poder personal en el cual los ciudadanos y las instituciones vienen a ser un simple decorado incompatible con la democracia. Como el populismo ha coaptado el poder con la promesa de la redistribución de las riquezas, estas políticas de redistribución se convierten en un elemento de dominación hacia los ciudadanos.

Las riquezas acumuladas de una nación, sean estas provenientes de recursos naturales, minería, petróleo, gas y/o de la producción industrial son las que inicialmente serán tomadas para la redistribuirlas entre los nuevos clientes del sistema populista. Este sistema rara vez crea riquezas, utiliza las caudales disponibles y cuando se van agotando, como el sustento de todo gobierno populista es mantener el dominio de las masas por medio de dadivas y concepciones sociales, el gobierno accede a una serie de medidas para seguir obteniendo recursos, entre estos podemos ver: aumenta los impuestos a los sectores productivos, confiscaciones y expropiaciones a los sectores que no les son afines, desviación de los recursos hacia el sector social e inicia un alto espiral de endeudamiento tanto interno como externo.

El populismo, tiene que presentar siempre un enemigo como parte del espectáculo de entretenimiento de la población, que generalmente es el sector productivo de la nación, al que se le acusa reiteradamente que es el culpable de explotar a los trabajadores y de la situación de pobreza en que se encuentran los ciudadanos, a esto le añade, casi siempre, la amenaza real o velada de la injerencia de gobiernos extranjeros.

Destruido el sistema productivo, agotados las posibilidades de obtener créditos para seguir engrasando la maquinaria populista por medio de la entrega de las riquezas, creada una base clientelar sujeta a la noción de que todo es gratis, colapsa el gobierno y el sistema populista, dejando la nación más empobrecida, enferma y con una larga tara a cuesta de los ciudadanos.

Eso sí, habrá surgido una nueva elite de enriquecidos por la apropiación del patrimonio estatal y de los robos realizados al sector productivo por medio de las expropiaciones y la confiscación de riquezas, sobornos, contrabandos.

A costa de unas pocas conquistas sociales, la nación queda agotada, endeudada y con sus sectores productivos en quiebra no solo económica, sino también en recursos humanos que han huido debido a la debacle de la situación económica y a la persecución constante a que ha sido sometido el éxito y la creación de riqueza por parte del sistema populista.

Otros de los males que genera el populismo es, la entronización de la mediocridad en todos los niveles del gobierno, ya que solo los mediocres se suman al sistema, los ciudadanos de carácter y las personas con criterio definido se apartan o son apartadas pues debido a su independencia y a la actuación en base a sus principios son vistos como enemigos del régimen populista y generalmente son tildados de traidores.

El individuo en sí es destruido por el sistema populista, no podemos oponernos a que en un momento de calamidad suprema (pérdida de empleo, enfermedad catastrófica, desastres naturales y otros) el individuo y su familia reciban la mano solidaria y pronta del Estado de forma temporal, pero solo de forma temporal, al hacer perpetua la ayuda social destruimos toda oportunidad de autorrealización, convertimos al individuo en un ser-nada.

El burócrata se convierte el principal personaje de la nación, ya que los gobiernos populistas incrementan en tal manera la base clientelar que crean organismos y comisiones perpetuas, duplican y triplican las instituciones que deben resolver un determinado problema con el solo fin de crear más puestos de trabajo para nombrar burócratas y emplear su base clientelar.

La corrupción incrementada a niveles antes nunca sospechados, donde el soborno, contrabando y la dilución de las fronteras entre lo que es propiedad del estado y lo que el funcionario o burócrata considera de su propiedad. Esto va aparejado con la más insultante impunidad debido a la corrupción de las instituciones judiciales y a la falta de voluntad para la toma de acciones por parte del régimen populista en contra de sus clientes.

A nivel de la población, debido al seguimiento que generalmente le da la ciudadanía en general, al comportamiento de sus gobernantes y siguiendo su ejemplo se da unos aumentos escalofriantes de los asaltos y atracos, así como el surgimiento de bandas organizadas y la mayoría de veces en complicidad con autoridades policiales y judiciales y las más de las veces con algún burócrata como jefe supremo.

En las fases finales, el populismo tiende al autoritarismo, cada vez más alejados de la realidad y con la deserción continua de los sectores pensantes tiende a imponer su visión por medio del acogotamiento de los medios de comunicación que aún pueden mantener cierta independencia y la persecución rabiosa de la disidencia. Cualquier pronunciamiento en contra del líder o contra los burócratas del sistema es declarado como un acto de traición al gobierno y al pueblo que dice representar.

El populismo tiende a no aceptar responsabilidades y culpa de los fracasos de sus políticas a entidades internas y externas, exaltando el odio de sus clientes hacia todo aquel que representa lo contrario a sus ideas.

Una debacle económica y social, no solo para los sectores productivos, sino también para la población en general es el acto final de todo régimen populista.

Vidal J. Reyes

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