Legitimando lo irreal

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“La economía del bienestar, que paradójicamente pretende juzgar los hechos económicos de la vida real a la luz de un modelo que no se ha extraído de ella y que es totalmente ajeno a la misma: el modelo de equilibrio general”.

Jesús Huerta de Soto – Método y Crisis en la Ciencia Económica

 

Los teóricos de la Economía del Bienestar la fundamentan sobre dos pilares: el lenguaje constructivista y su método científico fuertemente positivista (usado para el estudio de las ciencias naturales como la física). La Escuela Neoclásica (EN) y el pensamiento de Keynes comparten la idea de que los mercados tienen fallas que los funcionarios de gobierno pueden solucionar, En esta ocasión vamos a desarrollar con más detalle las implicancias de la Escuela Neoclásica.

La EN constituye su agente económico con capacidad de realizar cálculos mentales muy complejos con un solo propósito: asignar y maximizar la utilidad de sus recursos o ingresos. Un agente económico adecuado para ser modelizado en términos matemáticos que mediante el uso del cálculo diferencial, se puedan obtener resultados “socialmente óptimos” que claro, como más adelante se verá, serán resultados óptimos para la clase política.

La metodología que usa la EN es una forzada imitación del método científico que usan las ciencias naturales como la física, donde sus fenómenos de estudio no tienen capacidad de decisión como las personas y pueden experimentarse con los mismos: con las personas sin embargo, es imposible realizar experimentos porque nuestras preferencias siempre cambian con el paso del tiempo, no elegimos siempre lo mismo. Tal es la idolatría que los teóricos de la Economía del Bienestar sentían por ellos mismos como ingenieros sociales y por los políticos que, dentro de sus supuestos, existe un “planificador benevolente” que sabe perfectamente nuestras preferencias y nuestros ingresos y tiene la capacidad de reasignarlos de modo tal que al final logran obtener un “mayor bienestar social”.

Una concepción tan simple de la sociedad y la capacidad que supuestamente se tiene para reasignar nuestros recursos en pos de lograr un mayor bienestar social, otorga demasiado poder a la clase política ya que ahora puede justificar “científicamente” la regulación y el peligro de que la sociedad pueda caer en regímenes totalitarios, ya que como bien nos recuerda Lord Acton: el poder corrompe, y el poder absoluto corrompe absolutamente. Todo el poder así legitimado se basa en una gran mentira, pues sus supuestos son todos irreales.

Por otro lado, el nombre de la Economía del Bienestar está viciada de juicios éticos y políticos, el lenguaje usado y el método epistemológico implícito es falso, pues no se puede definir salvo definición arbitraria conceptos como “el bienestar” o “el bien común”, conceptos distintos en cada persona. Las ideas constructivistas afirman que se puede moldear o alterar una sociedad ya así lograr el propósito que la clase política mediante sus ingenieros sociales buscan. Por otro lado, el colectivismo metodológico implícito en el método de la Economía del Bienestar sostiene que existen entidades como “el Estado”, “la sociedad” o “el pueblo” como si se tratase de personas o de máquinas, no entienden que la sociedad en sí no existe y que una ciencia social incapaz de comprender este aspecto, difícilmente logrará resultados de acuerdo a la realidad, pues sólo las personas deciden, nadie salvo ellas mismas conocen sus preferencias, nadie es capaz de conocer lo que prefiero salvo yo y tal vez los seres más allegados que tengo, y por eso es imposible que la clase política conozca cual es el bienestar social, el bien común o el bien para el pueblo: sólo nos están mintiendo cuando si dicen creer saberlo. Así es como también están legitimando su presencia: usando fundamentos irreales.

 

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