La ficción del marxismo cultural

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En este momento, en los Estados Unidos de América, algo aterrador está sucediendo. Un grupo de violentos hombres blancos marcharon públicamente en la ciudad de Charlottesville por la White Supremacy. Representan la punta visible de una rabia más profunda que se propaga por muchas partes del país. Muchos blancos, especialmente los menos educados, denominados peyorativamente White Trash, están convencidos de que están siendo arrinconados por el marxismo cultural.

El marxismo cultural es un nuevo tipo de comunismo. Mientras que el marxismo clásico o materialista se basa en la riqueza tangible (los que tienen y los que no), el marxismo cultural se basa en estructuras intangibles de poder (privilegiados y desfavorecidos). El primero se enfoca en la billetera y quiere que los trabajadores del mundo se unan. Este último se enfoca en la identidad (género, sexualidad, raza y religión) y busca la destrucción de todas las estructuras sociales que determinan las jerarquías de poder: patriarcado, heterosexualidad, familia, monogamia, matrimonio, religión, casta y Estado. El marxismo material buscó traer la igualdad a través de la lucha de clase. El marxismo cultural lucha en la batalla de la justicia social. Pero, ¿Es el marxismo cultural un fenómeno real, o es solo propaganda, una teoría de la conspiración?

Si bien la mayoría de la gente está horrorizada por la desigualdad que existe en el mundo, no todos están dispuestos a ir a extremos marxistas. Hace cincuenta años, el socialismo democrático era visto como el camino intermedio entre el marxismo estadounidense y el comunismo ruso. Hoy en día, muchas personas apoyan los derechos de las mujeres, los derechos LGBTIQ, los derechos humanos, el secularismo y están en contra de todas las formas de racismo. Sin embargo, muy pocos están en contra de todas las estructuras. Les gustaría un realineamiento de la estructura de poder, no un desmantelamiento total del orden social tal como lo conocemos. Estos moderados rechazan a los Supremacistas Blancos, y sus reclamos salvajes. Los supremacistas blancos, sin embargo, están convencidos de que los moderados son peones de una guerra inteligente librada por los extremistas marxistas culturales en las universidades y en los medios de todo el mundo.

Los supremacistas blancos en los Estados Unidos alguna vez fueron conocidos solo por su odio hacia los negros, a quienes consideraban inferiores, como ingratos que se hubieran mantenido salvajes en África si no hubieran sido esclavizados. Ahora su lienzo de odio se ha expandido para incluir a los judíos (que controlan la industria y los medios); homosexuales y feministas (que desafían los valores familiares convencionales); Sudasiáticos (que están robando trabajos) y musulmanes (que quieren destruir la Pax Americana y el cristianismo). Los supremacistas blancos son fáciles de condenar y caricaturizar, ya que carecen del músculo intelectual de académicos, abogados y artistas.

Cuando el ala derecha usa la palabra “marxistas” se refieren a marxistas culturales en lugar de marxistas materialistas. Pero intelectuales y académicos insisten en que el marxismo cultural no es una cosa real; es un “jugada” planteada por los líderes fascistas de todo el mundo para engañar a sus votantes y aplastar a la oposición ‘secular’. En Rusia. En Filipinas. En Turquía. Y, como algunos susurran, en India.

Un mito es algo que es real para el creyente y falso para el no creyente. Une a las personas, crea tribus. Para la derecha, el marxismo cultural es real: un monstruo peligroso pero invisible, lo suficientemente astuto como para no repetir los errores del marxismo materialista. Para la izquierda, todo lo que los opresores racistas de White Trash temen tiene que ser fantasía. Este modo combativo del mundo es la esencia del mito occidental, que muchos en la India ahora han adoptado, a la izquierda y a la derecha.


Traducción por John Alejandro Bermeo, el artículo original se encuentra aquí.

Véase igualmente:El marxismo cultural es un oxímoronyEl mito del marxismo cultural“.

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