¿Por qué Batman no mata al Joker? El dilema filosófico de Bruce Wayne

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El Joker es el archienemigo del hombre murciélago. Ha causado innumerables muertes brutales. Le dio una paliza al segundo Robin hasta la muerte y torturó a la hija del comisario Gordon hasta que diese el último suspiro y después, mostró las fotos de la mujer desnuda y rematada a la policía; Y eso, solo para no mencionar las innumerables muertes de ciudadanos comunes de ciudad Gótica. Batman sufre con el Joker, la población y la policía también. No sería mejor, entonces, ¿Qué nuestro héroe enmascarado acabase de una vez por todas con este criminal? Muchos dirán sí, pero la respuesta no es tan fácil si se analiza profundamente el dilema moral de Bruce Wayne.

Esa es una cuestión que aparece en el día a día de nuestras vidas. Por ejemplo, ¿Sería defendible moralmente la explosión del avión que se chocó contra las Torres Gemelas en 2001, por un misil lanzado por los estadounidenses antes de que se estrellara? En ese caso, morirían tanto los terroristas como los pasajeros, sin embargo, todos los millares de muertos que trabajaban en los dos edificios serían salvados. Lo mismo podemos pensar de algún Bandido que está escondido en las favelas o del tráfico. ¿Por qué la policía no puede simplemente entrar y de alguna forma matar a todos los que estén en un radio de algunos metros marginales? O ¿Incluso entrar en el local y matarlos antes de cualquier oportunidad de huir o tomar rehenes? (Todo ello suponiendo que esas acciones radicales resultarían, al final, en menos muertes de lo que sería dejar a los criminales vivos). Muchas personas, por vía directa o indirecta, no estarían en la estadística de los obituarios.

El fin justifica los medios

¿Qué tienen en común estas tres situaciones? Simple, el hecho de que muchas vidas serían salvadas en nombre del sacrificio de una. Ese tipo de ética es conocida como utilitarismo, y fue formalmente defendida por los filósofos Jeremy Bentham y John Stuart Mill. Ellos consideraban, en resumen, qué deberíamos siempre guiar nuestras acciones de forma que produjeran la mayor cantidad de bienestar al mayor número posible de personas. Esta es una ética consecuencialista, al final, lo que se analiza moralmente son las consecuencias del acto, no el acto en sí. En esa visión, las propuestas radicales que se enumeraron arriba estarían perfectamente amparadas moralmente. Dicho de otro modo, los fines justifican los medios.

Cada acto vale por sí mismo

Ahora pensemos: ¿Un superhéroe acostumbra a actuar de ese modo? Claro que no. Piensa en todas las veces que Los X-Men pudieron terminar con la vida del poderoso mutante Magneto e impedir todos los conflictos que siempre genera. O la posibilidad tentadora de enviar a Wolverine a enterrar sus garras en algún desorientado que quiera provocar una guerra entre humanos y mutantes. De la misma forma, Batman podría acabar con el Joker usando apenas una de sus manos, pero él no lo hace. Y la consecuencia es que muchas muertes ocurren para que un hombre sobreviva. En otros términos, Batman se rehúsa a quebrar su única regla: no matar. Si él hace eso, piensa que no sería diferente de los bandidos de diversas estirpes que diariamente combate en ciudad Gótica.

Si Kant fuese lector de los cómics del cruzado encapotado, sentiría orgullo de Bruce Wayne, pues él es un verdadero deontologista. En Kant, ese estilo de ética remite al deber moral, que incluye, entre otras cosas, el valor por la acción en sí misma. No importa el resultado de su acción, lo que importa es la propia acción. Existe un imperativo categórico que dice a Batman que nunca puede matar a Joker, porque matar un acto en sí mismo incorrecto.

Bat-tranvía

Esas dos formas de ética acostumbran a ser exploradas a través del dilema del tranvía. Si usted estuviese a bordo de un tren en movimiento y supiese que luego, al frente, existen cinco personas en los rieles. De continuar el mismo rumbo, el tren acabaría con la vida de esas cinco personas. Pero usted puede cambiar eso. Cerca de usted hay una palanca que, en caso de ser empujada, cambiaría la formación de los rieles y tirará el vagón para otro camino. No obstante, en ese otro camino pasa una persona por los rieles, el tren lo matará, pero salvará a cinco personas. ¿Qué haría?

Muchos responderán que girarían la palanca, después de todo, es mejor que una persona muera que cinco. A pesar de no entender nada de filosofía moral, las personas en general optan por esa lógica utilitarista de maximización del bienestar para el mayor número de individuos, o el impedimento de un gran mal para el mayor número de sujetos.

Ahora, póngase en el lugar de este otro dilema: usted es un médico que está con su compañero de equipo en una sala de cirugía con cinco pacientes que necesitan donación de órganos (diferentes) para sobrevivir. Usted siente un deber moral de salvar a esas personas, pero no sabe cómo. De ahí, una luz aparece y usted percibe que puede sedar a su compañero y retirar los órganos de él para salvar a los cinco individuos a la espera de algún socorro.

“¡Horror!” Creo que probablemente usted piense algo como eso. Con certeza, ese es un escenario digno de los juegos mortales de la vida. ¿Pero qué convierte esa situación más aterradora y desproporcionada que la anterior? En verdad, racionalmente, NADA. En ambas, habrá minimización del malestar: intercambiaremos la vida de una persona por la de cinco.

Acusando a Batman

En la dupla de situaciones, análogamente, Bruce Wayne es el tipo que va a decidir cuántos sobrevivirán. En la primera, él tiene el poder de girar la palanca, en la otra, es el médico que puede o no sedar al otro médico. La aterradora conclusión es que el Joker es siempre aquella víctima que puede ser sacrificada el nombre de muchos, y Batman siempre escoge no sacrificarlo en nombre de su moral nada utilitarista.

 

Antes de poner al hombre murciélago en la mira de críticas, Tenemos que tener en cuenta que esas situaciones hipotéticas evalúan nuestra toma de decisiones más no se parecen tanto a situaciones reales. Estas son más complejas, de forma que las personas involucradas en el dilema no serían equivalentes desde el punto de vista moral, pero cada una ya traería algo consigo.

En el dilema del tren, ¿Quién podría ser el sujeto en los rieles? Podría ser un funcionario de la empresa. ¿Y los otros cinco? Podrían ser personas ebrias volviendo de un carnaval y cayeron allí producto de lo fuera de sí que estaban. Es probable que en ese caso tendemos a considerar que la muerte de uno en nombre de los cinco sería injusta.

De invertir los papeles, con el único hombre en los rieles siendo el ebrio y los otros, siendo personas regresando de un día de trabajo que después de un desorden al salir se empujaron mutuamente y cayeron allí, cambiaríamos nuestro juicio nuevamente. Es claro que en realidad lo mejor sería que ninguno mereciese morir, más aún si no tuviésemos que tomar la decisión de quién muere o quién vive. Pocos son los que momentos calurosos no actúan así, preservando su serenidad.

El colapso de las éticas

Un utilitarista típico estaría indignado con la conformidad de Batman. Esto es, porque sería su obligación preservar el bienestar de la mayor cantidad de personas posibles. Pero Batman nunca hace esa lección cuando se trata del Joker. Sin embargo, Batman está haciendo lo que puede, para su propio bienestar. La ética utilitarista implica una consecuencia desagradable: si el individuo se encuentra en una situación en que su propia muerte sea necesaria para salvar más vidas —aunque sean dos vidas— estaría obligado a dar término de sí mismo.

Si usted se siente escéptico, ¡Me parece mejor considerar esta idea fuertemente! En Batman Begins y en historias en cómics, es sugerido varias veces que la existencia del súper villano del naipe, el Joker, se debe a la existencia del propio Batman. De hecho, hay una historia en que el caballero de la noche está desaparecido, y en cuanto al joker, está preso en Arkham. Cuando él ve en las noticias que Batman ha regresado, en esa misma hora arregla una manera de huir del lugar. Es decir, la existencia del héroe complementa, da sentido a la vida del payaso demente.

No estoy afirmando que Batman sea lo suficientemente sádico para haber jurado combatir algo que él mismo creó. No. La cuestión es que ciudad gótica estaba podrida antes de la muerte de sus padres, pero es obvio que su existencia interfirió en la corriente de eventos que generaba criminalidad en la ciudad. Tipos tan duros como él surgieron. Más la cuestión es: la presencia de Batman en ciudad gótica, creando supervillanos y todo lo demás, ¿acabó generando más muertes o menos? No sé la respuesta, pero en caso de ser el resultado, mayores muertes, el seguimiento de la moral utilitarista habría generado una paradoja mucho más profunda, ya que, si la existencia del enmascarado fue mucho más dañosa, eso implicaría el hecho de que él no debería haber existido.

Empero, es claro, creo que a pesar de todos los daños que villanos locos causan a la ciudad, la presencia de Batman no es sólo buena porque hace que la criminalidad disminuya, sino porque él moviliza a los ciudadanos de ciudad gótica a luchar contra eso, a no perder las esperanzas. Él hace surgir lo que tiene mejor cada ciudadano. Y eso es mejor que una ciudad apática o miedosa.


Traducción del portugués por John Alejandro Bermeo, el artículo original se encuentra aquí.

 

One thought on “¿Por qué Batman no mata al Joker? El dilema filosófico de Bruce Wayne”

  1. Por eso debemos librarnos de la filosofía kantiana o utilitarista que empaña este problema. La ética y la política objetivista dirían a la pregunta, ¿ Debemos destruir el avión antes de que se estrelle en las Torres a pesar de que morirían miles de pasajeros? La respuesta moral es : Sí, absolutamente sí.

    Y esa respuesta viene dada sin consideraciones utilitaristas, y no implica en absoluto sacrificar las vidas de nadie.

    Aquí hay que tener en cuenta que la responsabilidad moral de todas las muertes que ocurran es del criminal que inició el uso de la fuerza, y que es imposible metafísicamente salvar las vidas de los pasajeros, entonces aquí lo que cuenta es salvar las vidas de las personas que aún es posible salvar, salvar a tantos como sea posible, y no estás sacrificando al resto porque no pueden ser salvados, es el criminal el que los ha condenado a muerte, los ha asesinado.

    No es utilitarismo. El utilitarismo comete una monumental caída de contexto. El contexto de que fue el criminal el que inició la fuerza y colocó a los pasajeros del avión en una situación imposible. El asesino juega con un doble estándar de moral, a saber, él no valora la vida y por eso va a matar a todos los que pueda, pero cuenta además para incrementar su efectividad criminógena que tu valoras la vida y que vacilarás en disparar contra el avión porque no quieres provocar físicamente la muerte de personas.

    Pero esa conducta de hecho es anti- vida, es actuar sobre el principio de ceder ante el mal.

    Cuando un criminal o una nación busca una agresión con muertes incluidas, entonces el principio moral adecuado a detener los planes del criminal al menor coste de bajas posible. En este caso, la única posibilidad era matar a todos los pasajeros que de hecho estarían muertos en cualquier circunstancia.

    El mismo principio es el que valida el arrojar las bombas atómicas sobre Japón en la II Guerra mundial. Si la forma más efectiva de poner fin a la agresión de Japón era arrojar dos bombas atómicas, y la alternativa era que murieran más soldados norteamericanos, lo monstruoso era arriesgar más vidas de soldados, así que fue moral arrojar la bomba atómica teniendo en cuenta los hechos a juzgar.

    Lo mismo cuando islamistas toman rehenes y aprovechan para atacar a fuerzas occidentales, hay que matar a los terroristas y poner fin a sus ataques aunque como consecuencia ineludible se maten rehenes que de todas formas han sido colocados ahí por los asesinos. Ceder significaría conceder un doble estandar moral al criminal a tu costa. Él sabría que como valoras la vida, puede usar a las personas como carne de cañón, pero si tu te niegas a aceptar su juego por principio, entonces los criminales dejarán de usar como escudos humanos a los civiles ya que no encontrarán utilidad alguna en ello.

    Igual que si un criminal se aloja en una tienda, en una favela o en un colegio y amenaza con matar a todos los que están dentro, el principio aquí es capturar al criminal al menor coste de muertes posible, pero no detenerse y permitirle impunidad al criminal. Así que la policía tendría que ver si hay forma de detener al criminal sin que este empiece a matar, pero si no hay forma de evitar que la detención del criminal implique que este mate rehenes, pues hay que hacerlo, y uno no es culpable de las acciones malvadas de otro.

    Uno no puede ceder al mal para conseguir un bien, y concederle al criminal el doble estándar como reitero, implica que este va a usar tu amor a la vida como instrumento de extorsión y te convertirás en un peón del mal.

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